Razones determinantes de la
dieta Vegetariana
La mayor parte de la gente cree que una comida sin carne es
incompleta, ya que, desde tiempos inmemoriales, se ha considerado “evidente”
que la carne es el alimento más vigorizador que la humanidad tiene. Todos los
demás alimentos se han considerado como meros accesorios o condimentos para una
clase u otra de carne del menú. Nada más lejos de la realidad, se ha demostrado
científicamente que la nutrición obtenida de vegetales tiene mayor poder
sustentador, mayor cantidad de nutrientes.
Existe la ley de la asimilación, la cual determina que
ninguna partícula puede pasar a formar parte del cuerpo a menos que sus fuerzas hayan sido completamente vencidas por
el espíritu interno humano, el cual debe ser el que domina absolutamente el
cuerpo, como un perfecto autócrata, dominando la vida de las células.
Es natural que deseemos lo mejor como alimento, pero todas las
carnes animales llevan en sí los venenos de la putrefacción. La sangre venosa
está llena de ácido carbónico y otros elementos nocivos, que llegan a los
riñones y a los poros de la piel, para expelerlos como orina o transpiración.
Estas repugnantes sustancias se encuentran en todas partes del cuerpo del
animal y cuando comemos su carne, llenamos nuestros cuerpos con estas toxinas.
Muchas enfermedades son debidas a la ingesta de carnes y sus derivados.
Tan pronto adoptamos la dieta vegetariana como filosofía,
escapamos a una de las más serias amenazas para la salud, es decir, la
putrefacción de partículas de carnes incrustadas entre nuestros dientes.
Tanto las frutas como los cereales y vegetales, en general
son, por su misma naturaleza, de descomposición muy lenta, y cada partícula
contiene una gran cantidad de éter que la mantiene viva y fresca durante largo
tiempo, mientras que el éter que interpenetra la carne, que componía el cuerpo
del animal, ha desaparecido conjuntamente con el espíritu que lo animaba, al
producirse la muerte. Por el contrario los alimentos vegetales son altamente antisépticos, particularmente
las frutas cítricas: naranjas, limones, pomelos y el rey de los antisépticos el
ananá que sirve para curar la difteria. Las frutas limpian y purifican y son
grandes agentes digestivos.
El hecho de matar para comer va en contra de nuestros más altos
sentimientos y conceptos.
En los tiempos primitivos, el hombre salía a cazar como
cualquier animal de presa, insensible y rudo. Actualmente su “caza” la realiza
en la carnicería, donde no tiene que soportar ninguna de las escenas repulsivas
y vergonzosas del matadero. Si tuviera que ir a esos lugares sangrientos, donde
todos los días se cometen horrores para poder satisfacer sus costumbres
anormales y dañinas, que causan muchísimas más víctimas que su sed de alcohol;
si tuviera que manejar el cuchillo y hundirlo en las carnes palpitantes de sus
víctimas, ¿Cuánta carne comería? Probablemente muy poca o ninguna. Pero para
huir de ese trabajo repugnante, obligamos a nuestros semejantes a trabajar en
los sangrientos corrales de abasto matando millares de animales día tras día.
Los animales que matamos también elevan su grito de protesta
contra este asesinato, y se forma una nube de horror y odio sobre las grandes
ciudades donde existen mataderos. La ley protege a los perros y los gatos
contra las crueldades, pero tan pronto como hay dinero en la carne o la piel de
un animal, el ser humano pierde todo respeto por su vida y se convierte en el
ser más peligroso de la tierra, alimentándose y criándoles para ganar dinero,
imponiendo sufrimientos y tormento sobre los demás, sus propios semejantes, ya
que los animales son los hermanos menores de la humanidad, para amontonar
dinero. Tenemos una deuda terrible con estas criaturas, deberíamos ser sus
guías, pero nos hemos convertidos en sus asesinos, la ley divina siempre obra
para corregir los abusos, a su debido tiempo derogará el mal hábito de comer
animales muertos.
Se nos ha enseñado que no existe otra vida en el Universo
que la vida de Dios; que en Él vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser ; que
Su Vida lo anima todo, por lo que no es difícil comprender que tan pronto como quitamos la vida a otro ser, estamos
destruyendo la forma creada por Dios para Su manifestación. Los animales
inferiores, nuestros hermanos menores, son espíritus en evolución y tienen sensibilidad.
Su deseo de experiencia es lo que le hace construir sus varias formas; y cuando se las quitamos, los
privamos de la oportunidad de obtener esa experiencia. Obstaculizamos su
evolución en vez de ayudarlos, y pronto llegará el día que sintamos una
profunda repugnancia ante el mero pensamiento de convertir nuestro estómagos en
el cementerio de cadáveres de los animales asesinados. Todos los verdaderos cristianos se abstendrán de
comer carne por pura compasión y comprenderán que toda vida es la Vida de Dios y que es un pecado causar sufrimiento a
cualquier ser sensible.
En el capítulo del Génesis de la Biblia donde se asigna al
ser humano por primera vez su alimento, se le dice que comerá de todo árbol y
de toda hierba que lleve simiente, “y será para ti como carne”. Las personas
más evolucionadas de todos los tiempos se han abstenido totalmente de comer
carne.
Este bárbaro pasado de la humanidad, desaparecerá en un
futuro altruista, en que una sensibilidad más refinada habrá despertado un
sentido profundo contra los horrores que implican los gustos carnívoros.
Tomado del libro: Principios Ocultos de la Salud y Curación
por Max Heindel
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información: www.rosicrucianfellowship.org
