EL
VERDADERO SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD
La
Navidad para el devoto religioso es una fecha santificada, consagrada y llena
de misterio, pero no en menos sublime porque no la comprende. Claro que hoy en
día está envuelta de un manto materialista y decadente, donde la gente solo le
interesa los regalos, las fiestas y el alcohol.
En las
iglesias se enseña cómo, en la noche buena, la más santa del año, nuestro Señor
y Salvador, inmaculadamente concebido, nació de una virgen. No se da ninguna
explicación y el asunto se deja al asentimiento o rechazo del oyente, de
acuerdo con su temperamento. En la noche del 24 al 25 de diciembre, el Sol
comienza su ruta del Sur al Norte. El es la “luz del mundo” se le aclama como
el “Salvador” pues viene para “salvar el mundo”, para darle el “pan de vida”,
toda vez que Él hace madurar el grano y la uva. De este modo “da su vida sobre
la cruz” (al cruzar por el ecuador) en el equinoccio de primavera, comenzando
entonces su ascensión al cielo boreal.
En la noche en la que principia su viaje al Norte el signo zodiacal
Virgo, la virgen celestial, la “Reina
de los Cielos”, está en el horizonte oriental a medianoche y es, por
consiguiente, astrológicamente hablando, su “signo saliente”. Así pues, “nace
de una virgen” “inmaculadamente concebido”.
Navidad
es la estación de mayor luz espiritual, durante esta época de ciclos
alternantes hay un flujo y reflujo de luz espiritual igual al de las aguas del
océano, por ello podemos sentir una mayor cantidad de hechos de misericordia,
bondad y amor.
Dios se
nos aparece como el Redentor, Cristo, e irradia los principios del Amor para
desenmarañarse de las mallas de la mortalidad y del egoísmo, con objeto de
alcanzar el altruismo y una vida sin fin.
Un
Cristo recién nacido que nosotros
aclamamos al acercarse la fiesta de Noche Buena, y, por lo tanto, Navidad, es
el acontecimiento más vital del año para toda la humanidad. Esta fiesta no es
solamente la conmemoración del nacimiento de nuestro amantísimo Hermano Mayor,
Jesús, sino que es el advenimiento del rejuvenecimiento del Amor y la Vida de
nuestro Padre celestial enviado por El para redimir al mundo del helado
invierno.
Sin
esta infusión de Vida y energías divinas que Cristo imprime en la Tierra,
nosotros pereceríamos físicamente y se frustraría nuestro progreso sucesivo en
las líneas actuales de desarrollo.
Si
nuestro padre celestial dejase de concedernos el nacimiento de un nuevo Cristo
como regalo cósmico de Navidad la energía que nos infundió el año pasado no
serviría más, no germinarían las millones de semillas enterradas en la Tierra,
no se encenderían las aspiraciones espirituales que nos impelen hacia arriba y
adelante. Por eso esperamos confiadamente el nacimiento místico de Cristo todos
los años, cargando con nueva Vida y Amor que el Padre nos envía, para socorrer
el hambre y la necesidad física y espiritual, lo cual acabaría con nosotros si
no fuera por este ofrecimiento de Amor anual.
Tomado del libro Temas Rosacruces por Max Heindel.
Mayor información: www.rosicrucianfellowship.org
Tomado del libro Temas Rosacruces por Max Heindel.
Mayor información: www.rosicrucianfellowship.org




