lunes, 17 de diciembre de 2012



EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD

La Navidad para el devoto religioso es una fecha santificada, consagrada y llena de misterio, pero no en menos sublime porque no la comprende. Claro que hoy en día está envuelta de un manto materialista y decadente, donde la gente solo le interesa los regalos, las fiestas y el alcohol.
En las iglesias se enseña cómo, en la noche buena, la más santa del año, nuestro Señor y Salvador, inmaculadamente concebido, nació de una virgen. No se da ninguna explicación y el asunto se deja al asentimiento o rechazo del oyente, de acuerdo con su temperamento. En la noche del 24 al 25 de diciembre, el Sol comienza su ruta del Sur al Norte. El es la “luz del mundo” se le aclama como el “Salvador” pues viene para “salvar el mundo”, para darle el “pan de vida”, toda vez que Él hace madurar el grano y la uva. De este modo “da su vida sobre la cruz” (al cruzar por el ecuador) en el equinoccio de primavera, comenzando entonces su ascensión al cielo boreal.  En la noche en la que principia su viaje al Norte el signo zodiacal Virgo, la virgen celestial, la “Reina de los Cielos”, está en el horizonte oriental a medianoche y es, por consiguiente, astrológicamente hablando, su “signo saliente”. Así pues, “nace de una virgen” “inmaculadamente concebido”.
Navidad es la estación de mayor luz espiritual, durante esta época de ciclos alternantes hay un flujo y reflujo de luz espiritual igual al de las aguas del océano, por ello podemos sentir una mayor cantidad de hechos de misericordia, bondad y amor.
Dios se nos aparece como el Redentor, Cristo, e irradia los principios del Amor para desenmarañarse de las mallas de la mortalidad y del egoísmo, con objeto de alcanzar el altruismo y una vida sin fin.
Un Cristo recién nacido que nosotros aclamamos al acercarse la fiesta de Noche Buena, y, por lo tanto, Navidad, es el acontecimiento más vital del año para toda la humanidad. Esta fiesta no es solamente la conmemoración del nacimiento de nuestro amantísimo Hermano Mayor, Jesús, sino que es el advenimiento del rejuvenecimiento del Amor y la Vida de nuestro Padre celestial enviado por El para redimir al mundo del helado invierno.
Sin esta infusión de Vida y energías divinas que Cristo imprime en la Tierra, nosotros pereceríamos físicamente y se frustraría nuestro progreso sucesivo en las líneas actuales de desarrollo.
Si nuestro padre celestial dejase de concedernos el nacimiento de un nuevo Cristo como regalo cósmico de Navidad la energía que nos infundió el año pasado no serviría más, no germinarían las millones de semillas enterradas en la Tierra, no se encenderían las aspiraciones espirituales que nos impelen hacia arriba y adelante. Por eso esperamos confiadamente el nacimiento místico de Cristo todos los años, cargando con nueva Vida y Amor que el Padre nos envía, para socorrer el hambre y la necesidad física y espiritual, lo cual acabaría con nosotros si no fuera por este ofrecimiento de Amor anual.

Tomado del libro Temas Rosacruces por Max Heindel.

Mayor información: www.rosicrucianfellowship.org